COLUMNA DE OPINIÓN: LA LIBERTAD DE OPINIÓN: ¿A QUE SE LE TEME?

Habiendo alcanzado 40 columnas de opinión en esta tribuna, desde 26 de octubre 2017, más la publicación del diario El Mercurio, dónde señalé el descalabro que se venía (se adjunta Carta al Director 03 de febrero 2017); hoy algunos pretenden callarme. Sin duda dar una opinión puede producir controversia. Claro, eso podría molestar y cuestionar un paradigma institucional, o cierta ideología dominante.

En esta misma línea, pregunto: ¿Algo de lo expuesto en las 39 columnas anteriores son inventos, mentiras o juicios irresponsables? ¿Por qué entonces tratan de sacar de la pista” con empujones y zancadillas a los que simplemente damos la nuestra como en cualquier país libre? Quizás, esos totalitarios, también reclamen por la publicación de fotografías, notables, obituarios y otros aportes hechos a la Web de la Asociación Atlética Regional Metropolitana.

 

En general, y en variados ámbitos, segundos mandatos por diversos motivos resultan complicados. Por ello, mantener cerradas las fronteras del pensamiento crítico, puede resultar útil para resguardar intereses propios y una visión monopólica menospreciando el sentido común.

Entonces, astutamente ocupar a otros para cumplir una misión controladora, quienes pasan en definitiva a ejecutar la tarea de hostigamiento, mientras que, los verdaderos responsables permanecen ocultos o victimizándose, pero, disfrutando de recursos ajenos para darse gustos personales.

 

En este sentido, y en todo marco de acción, las opiniones diversas son clave para enriquecer, difundir, debatir y exponer hechos que, de una u otra manera pueden estar equivocados, ocultos, tergiversando ciertas informaciones, o limitan las iniciativas del accionar de toda una comunidad. En estos tiempos, y en todo orden de cosas, el voluntarismo utópico puede llevar a una catástrofe. Sin embargo, las ideas divergentes y respetuosas, aportan soluciones, informan, y alertan de los problemas. Debieran ser agradecidas, ya que, al confrontarlas, elevan el nivel de conocimiento.

 

Tampoco nos puede extrañar que, en cualquier entidad o institución, directivos codiciosos busquen a personas con intereses particulares que trabajen para ellos; serviles, para “mantener el puesto”, transformándose en vasallos del poder. En ese caso, por esas lealtades mal entendidas, quedan atrapados en la poco noble tarea de limitar, o amenazar para que otros no participen de cierta libertad intelectual, atreviéndose a manifestar opiniones que ayudan a develar en diferentes ocasiones una plaga de falsedades y cuentos repetidos.

 

Así pasamos a un supuesto control ético de la información. Esos egos narcisistas con aires de superioridad moral, sin experiencia directiva, limitan, deterioran o destruyen instituciones; pero cuando se establece la verdad jurídica, esa que dictamina la Justicia, entonces callan y se esconden.

 

Los servidores públicos y privados, deben saber que respetar las normas y hacer cumplir la ley, es un imperativo. La arrogancia de esos líderes mesiánicos, que creen tener la verdad y los demás están equivocados, sin derecho a disentir, esa trazabilidad, alimentada en las redes sociales mediante una catarata de clics, desde donde pretenden dirigir, como un virus que se expande, lleva a los maestros de la seducción a extremar sus dotes por recuperar el control corporativo. Degradando la verdad, pasan a ser activistas emocionales, que, aferrados a su fantasía o desvaríos, dejan a su institución desprestigiada, moralmente enferma, sin recursos, y al borde del abismo.

 

Fernando Sotomayor G.

Ex Atleta.