Clausurar a quienes más saben no solo es mezquino, también es torpe. En efecto, cuando una organización pierde liderazgo y competencia, da paso a la desconfianza y a la pérdida credibilidad. Así, en el momento en que, las transgresiones éticas y normativas pasan a normalizarse, inevitablemente, sin más, aparece el abuso de poder. Entonces, la gobernanza deja de ser una conducción confiable y el daño termina afectando tanto al entorno regional como nacional.
La controversia surgida en torno a las finanzas federativas ya no puede considerarse un asunto interno de directorio. Se trata de una discusión que involucra a todos los actores del sistema y cuyos antecedentes, mantenidos entre cuatro paredes, deben ser aclarados. No pasó desapercibida, la renuncia, de la Secretaria General y de un director de la Federación Atlética de Chile (FEDACHI), debido a dificultades para generar “…procesos transparentes y democráticos, participación efectiva del directorio y canales claros de comunicación…”. Esas renuncias dejaron al descubierto un problema institucional profundo.
Todavía, más grave fue la reciente renuncia, de Catalina Arancibia G., integrante de la Comisión Revisora de Cuentas, quien argumentó la imposibilidad de realizar una revisión “adecuada, objetiva y completa” debido a la falta de integrantes de dicha Comisión. Como consecuencia, no pudo efectuarse una revisión integral del Balance General auditado de la FEDACHI, el que, curiosamente, solo consideró aportes Fiscales o públicos del IND y sus gastos correspondientes, dejando fuera los privados.
El balance financiero constituye la radiografía patrimonial anual de la institución y, como tal, debe incluir un análisis detallado de todas las cuentas, tanto públicas o fiscales como privadas. Sin embargo, al omitirse antecedentes relacionados con recursos privados, estos quedaron sin fiscalización efectiva. En ese contexto, llama la atención que el informe de Auditores Independientes (abril de 2026), referido a los estados financieros 2025 y 2024, contemplara únicamente fondos públicos, dejando inexplicablemente fuera partidas de ingresos y gastos privados que debían formar parte obligatoria del análisis contable, omisión que en nuestra opinión, instala un inevitable manto de dudas.
Por ello, la Asociación Atlética Regional Metropolitana solicitó aclaraciones respecto de ingresos asociados al evento Maratón de Santiago 2025, aportes de World Athletics, CONSUDATLE y otros recursos privados que no aparecen en el informe financiero. Además, el balance anual debiera contener observaciones, recomendaciones y un análisis pormenorizado de cada cuenta, antecedentes que, curiosamente, tampoco figuran. En otras palabras, al no informarse íntegramente todo lo ocurrido, el balance pierde credibilidad y consistencia, es decir carece de veracidad.
La respuesta federativa fue que dichos recursos quedaron fuera porque el cierre contable se realizó en enero de 2026, y serían incorporados en el ejercicio actual. No obstante, esa explicación abre más dudas que certezas, considerando que la Federación posee un solo RUT y no puede actuar como si existieran estructuras financieras paralelas. De ese modo, cuando se maquilla la narrativa institucional, esta termina convirtiéndose en una cortina de humo respecto de aquello que se presenta oficialmente como verdadero.
En definitiva, no todo lo que se informa parece reflejar la realidad de las finanzas corporativas, porque no son solo números, esto representa una forma de gobernar. Nos preguntamos entonces ¿Cómo se recaudan y administran los recursos privados? ¿Quiénes los utilizan y bajo qué criterios? ¿Cuáles son los respaldos de esos gastos? Cuando las cuentas dejan de ser claras, se erosionan principios esenciales como el respeto institucional, el ejercicio legítimo, la marcha confiable de los cargos, y la correcta administración de los recursos. Todo ello evidencia un deterioro institucional progresivo que dista de los años 2000-2014 o anteriores, cuando todo se informaba, existían actas de directorio y asambleas y las cuentas eran claras y transparentes.
Por eso, el verdadero meollo del asunto ya no es quién desea ocupar cargos dirigenciales, sino quién está dispuesto a aportar capacidad, tiempo y seriedad ética para evitar este tipo de bochornos institucionales.
Fernando Sotomayor G.
Ex Atlet