“El ser humano suele mirar y con distancia el fracaso, pues nadie quiere vivirlo, sino más bien se desea todo lo contrario, el éxito. Sin embargo, lo mismo de la sombra respecto a la luz, que la enfermedad en relación a la salud, que la culpa ante la inocencia, el fracaso juega un papel preponderante en la vida de las personas, un papel positivo, si cada quien extrae las conclusiones adecuadas al soportar una experiencia de tal naturaleza. En tal sentido, por ejemplo, un fracaso no siempre es una derrota, ya que la suma de muchos hechos, estropicios a veces, es uno de los pilares de un próximo triunfo.
Nadie vive siempre en la cima y, evidentemente, solo se levanta quien no permanece arriba todo el tiempo. Por consiguiente, hay un aspecto de misterio en el fracaso, ya que lo mismo que el laurel obtenido, aquel ha de ser ponderado de modo más bien retrospectivo y revisado a la luz de toda la vida, nunca de cara a un único momento. El despliegue temporal de la existencia amerita que todo juicio escudriñe con ánimo sereno y a largo plazo, es decir, con espíritu de totalidad, tanto los brillos como los fallos biográficos, a fin de no ser obnubilados por los primeros ni desanimados por los segundos”. (Fuente: Rodericus. Panathlon C. Stgo.).
En esa línea, con memoria propia, entre el éxito y el fracaso, haciendo camino al andar, bien lo saben los deportistas que, con perseverancia y rectitud, nadie puede pasar Gatos por Liebre. En la vida deportiva, regida por las normas del Fair Play, sus actuaciones tanto quienes carecen del triunfo, como los ganadores, todos ellos, deben comportarse de buena forma, sin trampas ni dopaje. Lo mismo vale para los cuerpos directivos, donde las confianzas institucionales se consolidan aún con quienes piensan distinto. En efecto, en muchos casos los aportes críticos, esas nuevas ideas, le generan un valor intangible al tejido social, atrayendo nuevos directivos, hoy tan escasos.
Sin embargo, en el mercado de las comunicaciones, las marcas respetadas venden; pero, cuando dormidas en sus laureles se descuidan distando de lo ofrecido, pierden credibilidad. Por esa razón las organizaciones corporativas (con y sin fin de lucro), con actitudes complacientes, gobernanzas autócratas y directorios pasivos, sin escuchar ni verificar, confundidos creyendo controlar todo a distancia, le encargan sus tareas a otros; con el tiempo se van devaluando. Esas culturas voluntaristas, pero pobres en ideas, resistentes al cambio, rápidamente se deterioran corriendo el riesgo de ser un lastre en el mercado de los valores institucionales. Pronto esos directorios complacientes, confiados en el historial institucional, sin más, van delegando el control de la información en otros, los que, como un mal menor, acumulando poder con astucia, pasan a dominar la carpeta de la verdad. En esa situación pueden dejar la marca corporativa desvalorizada y, a su comunidad muy dañada.
Entonces vale la pregunta: ¿Por qué fracasan ciertas organizaciones? Ello ocurre cuando un Directorio no cumple con sus funciones, ya sea por incompetencia o desidia. En efecto cuando documentan la gobernanza sin controlar el aparato administrativo gerencial; no ejercen el mando societario o lo monitorean a distancia; van delegando la tuición sobre los datos. Eso deja la desconfianza a la vuelta de la esquina. En esa situación se corre el riesgo de entregar informes engañosos, indicadores que no cuadran, y tantos otros desórdenes administrativos (asimetría de información), deteriorando su credibilidad. Así poco a poco van destruyendo el valor moral de las acciones societarias pasando a realizar un ejercicio inútil, que solo simula intenciones. Sin entender de procesos, tratan a sus miembros como clientes y no como socios (ellos o nosotros).
Quienes, no pueden distinguir entre la prosa y la obra, más bien constituyen barreras de entrada al trabajo colaborativo de sus socios. Luego escondidos vanidosamente detrás de bambalinas, fabricándose oportunidades, dejan la gobernanza corporativa a su servicio personal. Como bien lo describió Maquiavelo: “…es menester saber encubrir ese proceder artificioso y ser hábil en disimular y en fingir”. Así, la información vertida en las redes sociales (Instagram y otras) aparentando hacer algo, puede terminar con la marca institucional transformada en ruido. Entonces, lo importante para ellos, será concurrir para la foto del marketeo individual en el club de amigos, dejando a la mayoría de sus socios a la deriva.
Con lo señalado ¿Que se espera y que debe ofrecer un Directorio? Los verdaderos líderes dejan atrás sus intereses y egos personales para formar equipos de alto desempeño, obrando en bien de las necesidades institucionales. Proyectando al colectivo en una carrera ética, donde la verdad, el respeto entre unos y otros, junto a la necesaria transparencia y honestidad, como valores intransables, construir futuro, donde todos pueden proponer y ser escuchados, y no solo recibir mensajes, como requisito indispensable para alcanzar un mayor prestigio entre sus Stakeholders.
En síntesis, apegada a la ley y las buenas costumbres, la reputación como capital social, con una jefatura confiable, alejada del fracaso, generará la necesaria credibilidad como inversión, aumentando el valor societario, para reconstruir la arquitectura de las confianzas (cuando estas se hayan extraviado) no como un eslogan, sino como un deber moral.
Cerrando el año deportivo 2025, en la prestigiosa Gala Olímpica, el ciclista de montaña Martín Vidaurre y la atleta Martina Weil, fueron premiados como los mejores del país por el Comité Olímpico de Chile. A su vez, la Federación de Hockey Césped, recibió el Premio “Juego Limpio” de parte del Panathlon Chile. Felicitaciones a todos ellos.
Fernando Sotomayor G.
Ex Atleta