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Columna de Opinión: LOS VALORES Y LAS VIRTUDES

Hay valores subjetivos: Me gustan más el azul y las ostras. A otros les agrada más el rojo y los tomates. ¡Valores distintos para personas distintas! También hay valores objetivos: Todos valoramos la vida, la verdad, la honestidad, la alegría. ¡Valores universales para personas distintas y distantes en el tiempo y en el espacio!

Los valores subjetivos y objetivos están en la mente y en los labios. Cuando pasan a la acción se convierten en virtudes, si son buenos o en vicios, si son malos. Pensar en adquirir es un valor, robar efectivamente es un vicio y respetar los bienes ajenos es una virtud.

Las virtudes siempre son acciones visibles y objetivas, aunque residen en sujetos de manera distinta. Se puede ser más justo o templado. Justicia, prudencia, fortaleza y templanza son altos valores que se convierten en virtudes solamente cuando se llevan a la práctica. Los valores se intuyen, se aprenden y se comunican. Los padres y maestros nos suelen decir que no hay que mentir, ni robar, ni envidiar, ni abusar sexualmente. Si maestros y padres practican lo que enseñan ciertamente que pueden ser considerados como personas virtuosas con valores que respaldan sus buenos hábitos. Los valores pueden variar, cambiar, aparecer y desaparecer. Las virtudes se aprenden, se fijan y se viven. No cambian en lo sustancial. Permanecen y se perfeccionan.

Los valores pueden ser de naturaleza material, afectiva, espiritual, trascendente, mientras las virtudes son de naturaleza moral, es decir pertenecen a las costumbres. Ricos o pobres, altos y bajos, negros y blancos, hombres y mujeres, creyentes o incrédulos pueden ser igualmente virtuosos. Los valores se escogen y por lo mismo son cambiantes para el hombre, las virtudes se imponen siempre por su valor intrínseco.

Hay hombres con grandes valores y pocas virtudes. Los hombres virtuosos necesariamente son hombres de valor, pero no en todas las dimensiones. Puede haber santos simpáticos o aburridos y ateos atractivos o repelentes. Trabajar los valores es tarea de civilización y cultura. Trabajar las virtudes es tarea de educación y de ascética. Las virtudes son hábitos operativos buenos. Los valores son apreciaciones útiles, convenientes o placenteras. Con virtudes la sociedad se perfecciona. Con valores diferentes, aprovechándose de los otros mediante egos vanidosos, la sociedad puede llegar a presumir, enfrentarse y destruirse.

La ciencia de los valores es la axiología: la ciencia de las virtudes es la ética. Los valores pasan, las virtudes permanecen. La ética une a la humanidad; los valores materiales, afectivos, políticos, religiosos y culturales, a veces, la separan, diferencian y hasta la pueden enfrentar.

Los valores más universales y atractivos son aquellos que se convierten en virtudes. Como el “Fair Play” en el deporte, cuando se anuncia y se practica. Las mejores virtudes son las que se van convirtiendo en valores supremos y universales. El cristianismo es un gran valor, pero vivir como cristiano es una virtud suprema. Hay muchos que valoran el cristianismo, pero son menos los que lo viven.

Así, en “El Museo de los Valores”, con mente clara y algo de trabajo se adquieren los valores que impulsan nuestro obrar cotidiano. La relación entre lo que estimamos que vale y lo que realmente practicamos es lo que nos hace buenas o malas personas. Podemos tener un verdadero museo de valores en nuestra cabeza, pero si no se convierten en acciones y hábitos que correspondan a lo bien pensado, nos quedaremos en las nubes de los ideales y en la inopia de las realidades.

Esto tan elemental desde el punto de vista filosófico es lo que nos ocurre frecuentemente a los mortales. Podemos llegar a ser millonarios en valores y extremadamente pobres en virtudes. Y, siguiendo de cerca al maestro Aristóteles, esa sería la razón por la que no podemos ser felices. Solo son felices, dirá el gran maestro griego, aquellos que se van llenando de virtudes, de todas las virtudes, de las grandes y de las pequeñas. Los que llegan a ser prudentes y justos, terminan siendo valerosos pero temperados, amables, humildes, generosos, sociables, magníficos y magnánimos, leales y obedientes a las leyes, buenos ciudadanos y excelentes padres o madres de familia, hermanos, buenos parientes y amigos.

Como tengo por seguro, mis lectores quieren ser felices, me permito recordarles hoy estas universales sentencias que sirven para aclarar la mente y poner en movimiento los afectos que conduzcan a las buenas acciones en forma permanente, que eso es lo que son las virtudes, y no otra cosa. Lo vengo reiterando con alguna insistencia; los valores sobreabundan, mientras las virtudes escasean, por lo que en buena teoría económica que todos entendemos fácilmente, los valores valen menos que las virtudes. Si queremos ser ricos de verdad hay que moderar el museo de los valores y comprar las acciones de las virtudes.

Jesús Gines O.

Profesor de Ética Empresarial