Si bien el Estado chileno se define como unitario, también reconoce la descentralización como un principio clave para el desarrollo equilibrado en sus 16 regiones, integradas mediante provincias y comunas. En teoría, los gobiernos regionales y las organizaciones territoriales deben ejercer sus funciones con autonomía. Sin embargo, al realizar una analogía, en la práctica dentro el ámbito del atletismo nacional se evidencia una profunda contradicción: mientras en la teoría se promueve la regionalización, en la realidad se consolida un modelo marcadamente centralista. En efecto, La Federación Atlética de Chile (FEDACHI), llamada a articular el desarrollo de la disciplina en todo el país, con un discurso buenista, sin experiencia, ha ido por medio de un par de mentes, concentrando poder y decisiones pasando a debilitar los derechos sociales y culturales del desarrollo regional.
Entendiendo que el modelo deportivo federado debería apoyarse en clubes y asociaciones regionales que formen, proyecten y representen a sus atletas y territorios. Sin embargo, la Federación con ciertas conductas narcisas, queriendo hacer todo sola, fue reduciendo la capacidad de gestión de las organizaciones de base, apropiándose de sus espacios de decisión. Pero también de los recursos que tradicionalmente les son propios al corresponderles por su localía, al representar el vínculo directo con sus circunscripciones. Por otra parte, es importante reconocer que las propias asociaciones y clubes también han callado, contribuyendo a esta situación.
Esa pasividad por ejemplo, facilitó que FEDACHI concentrara solapadamente la organización de las principales maratones y corridas por calle del país mediante convenios con municipios y productoras, desplazándolas de su rol zonal. Al limitar progresivamente la autonomía de estas entidades de base, vulneró sus derechos, reduciendo su capacidad de gestión y reconocimiento local. Como consecuencia, clubes y asociaciones padecieron bajo ese falso slogan, equivocadamente repetido que, al ser patrocinadas por FEDACHI, “las marcas conseguidas en estos eventos, serán reconocidas”, pasó sin más a desplazarlas. Pronto perdieron protagonismo en sus propios territorios, al dejar de percibir ingresos económicos fundamentales que le pertenecen para su sostenibilidad. Porque si a la FEDACHI le queda algo de coherencia, debiera entregarles a las asociaciones y/o clubes locales gran parte de los millonarios ingresos recibidos por esos patrocinios.
El resultado de dicho modelo ya es visible. Por un lado las tensiones con la Asociación Atlética Regional Metropolitana (AARM) considerada por muchos como un pilar del atletismo nacional, que, sin obviar el conflicto federativo interno que amenaza con desarticular redes fundamentales para el desarrollo del deporte, logró en 2025 convocar a más de 1.300 atletas federados en su campeonato anual. Por otro lado, muchas regiones muestran una caída sostenida en la participación federada. En efecto, que, ante la falta de competencias locales ha obligado a deportistas de todo el país a concentrarse en Santiago. Así ocurrió en los torneos M. Correa Letelier con 212 atletas, y el Carlos Strutz recibió a 180 deportistas provenientes de distintas regiones del país, quienes compitieron gratuitamente.
Suma y sigue, la preocupante sustitución de torneos federados por actividades escolares para niños de 7-9 años (categorías fuera de la World Athletics), en varias regiones, evidencia un deterioro del sistema competitivo. El resultado es claro: aproximadamente un 25% de los atletas adultos de selecciones nacionales proviene de regiones, reflejando un desaprovechamiento del potencial territorial.
Cuando una federación actúa engañosamente como un club cerrado, pierde no solo legitimidad, sino también su capacidad de orientar el crecimiento de la disciplina. La evidente contradicción entre el discurso buenista de la regionalización y la realidad en el impredecible proceso de reforma estatutaria, utilizado como herramienta para disciplinar a varias asociaciones que no comulgan con su errática gestión, erosiona la credibilidad institucional. Con todo, las biografías del Presidente Luis Figueroa Loncón, asesorado conductualmente por su Gerente General Kurt Contreras que, como profesor en una institución de seguridad, debiera saber que las leyes, normas o regulaciones institucionales se respetan.
Lamentablemente, con un directorio ausente (varios renunciaron) esas y otras acciones de consecuencias éticas, que buscan acumulación de mando (no se sabe para qué), siguen debilitando socarronamente la institucionalidad deportiva. Para revertir ese mito, se requieren medidas claras; entre otras: restituir la autonomía y capacidades de gestión de clubes y asociaciones regionales, respetando y no suspendiendo instituciones. Segundo, distribuir la organización de competencias y recursos de forma transparente. Tercero reconocer e incorporar los aportes entregados por las regiones al proceso de reforma estatutaria. Cuarto, tener un directorio con presencia y control en la sede federativa.
El atletismo chileno enfrenta hoy una disyuntiva clara: persistir en un modelo personalista que concentra poder o avanzar hacia una descentralización real que potencie el talento a lo largo de todo el país. Porque, al final, el desarrollo deportivo no puede sostenerse en discursos, sino en prácticas coherentes con la diversidad territorial que Chile dice valorar.
Fernando Sotomayor G.
Ex Atleta