Columna de Opinión: LA CRÍTICA BAJO CONTROL

El análisis crítico y la libertad de pensar distinto enriquece el dialogo. Esto es parte de la cultura Greco-Romana que sigue hasta estos días en las aulas, en el congreso y en distintos ámbitos de la vida nacional. No obstante, en algunos casos ello no ocurre.

 

En el terreno del deporte, donde la crítica interna y/o externa suele ser intensa en varias disciplinas; en otras, la prohíben, bloquean o ponen impedimentos legales a sus autores. Limitar la libertad de expresión de una organización deportiva, protegiendo las apariencias bajo el pretexto de mantener el control total o, como estrategia engañosa, bajo el manto de una conducta de superioridad moral ante el resto de las organizaciones, sin haber de por medio autocrítica alguna, impide la mejora continua. El resultado de ese control descontrolado suele ser tan variado como la conducta del personaje que controla.

 

De tiempo en tiempo, llama la atención que quienes “habitan” un cargo en la dirigencia deportiva (como en el caso del Presidente de la Atlética Chilena), se molesten ante cualquiera que piense distinto dándose una importancia y altura que no tienen. En otras palabras, esos nocivos dirigentes se creen su propio cuento y, con una retórica de brillos efímeros, no toleran nada que pueda cuestionar su impronta dirigencial.

 

Muchas veces, quien confunde sus propios intereses con la vida comunitaria, sin entrar en razón, utilizan a sus subalternos o adláteres para implementar un manual de malas prácticas. Una de las consecuencias es que esquivan a sus pares con quienes omiten deliberar pasando a censuran a aquellos que piensan distinto, como un autócrata de tercera. Incluso, torpemente, discriminan a los que supuestamente les hacen sombra. En definitiva, sin control, sacrifican el desarrollo de la organización destruyendo la escala de valores de la entidad que dicen representar.

 

Ese tipo de liderazgo negativo no aprende a delegar tareas, ni trabajar en equipo, menos aceptar miradas distintas ya que, ese intercambio involucra desafiar miedos y conocimiento, pudiendo provocar frustraciones y resentimiento. Al contrario, la historia capturada por la verdad enseña que el trabajo colaborativo, transparente y ético, alejado de pulsiones ególatras en aparentar más de lo que se es, siempre beneficia al colectivo. En esas circunstancias, transformados en oportunistas comunicacionales, aprovechan de la conflictividad, para figurar en medios de comunicación intentando tapar todo con afirmaciones retóricas y evasivas, a fin de mantener el poder controlador.

 

Bien lo aprendemos los arquitectos de la crítica desde el día uno en que se entra a la universidad. De ella se acepta y agradece ya que ayuda al crecimiento profesional. En fin, emergiendo desde adentro de la institución, la crítica pone en valor el aporte de investigaciones, ideas y propuestas con argumentos y discusiones, a fin de contribuir a su desarrollo.

 

El círculo virtuoso anterior, en vez de ser agradecido es rebatido como parte del proceso de libertad de pensamiento y expresión. Esos supuestos líderes que caen en la tentación de censurarlas sin ninguna reflexión, ponen en duda sus capacidades de transformar los ofrecimientos y compromisos en resultados.

 

En este tránsito, con el objeto de construir una organización sana, es bueno recordar la necesidad de estudiar el pasado que, con la herencia de generaciones que nos precedieron retroalimenta las experiencias prácticas que han conformado la historia institucional, para luego analizar el presente. Así, el futuro se anticipa y se proyecta con el cuidado que no todo lo que se planifica ocurre.

 

Fernando Sotomayor G.

Ex Atleta